viernes, 21 de noviembre de 2025
lunes, 20 de mayo de 2024
viernes, 17 de mayo de 2024
sábado, 18 de marzo de 2023
El carro ambulante del Portilla
Hace ya unos cuantos años, la ciudad estaba salpicada por unos quioscos ambulantes que vendían a los transeúntes, en especial a niños y niñas, pipas, caramelos, tramusos, chufas... y un largo etcétera. Daban fugaces placeres en el pobre panorama que entonces había.
Don Vicente Nicolás Mondéjar, (a) Portilla, era uno de estos vendedores que ofrecía, entre otras cosas, tramusos que el mismo elaboraba en su humilde casa de la calle Angustias, frente a la actual taberna de Luis de Rosario.
En el Plano de San Francisco, don Vicente entrega un cartucho de mercancía a un cliente (ca. 1950)
Alguien muy cercano me cuenta que, de extranjis, vendía tabaco rubio extranjero. Esto le acarreó más de un disgusto.
Receta para la elaboración de los tramusos:
Mantener en remojo con un grifo permanentemente abierto durante 3 o 4 días.
Después se cuecen a fuego fuerte; pasado un tiempo, introducir un hierro al rojo vivo para darles color.
Dejar un día más en agua con el grifo abierto.
Por último, escurrir y añadir sal.
El frustrado primer depósito de agua de Murcia (1923)
Hace casi un siglo (exactamente, el 12 de abril de 1923), el depósito de agua que se había construido para suministro de agua a la ciudad de Murcia, el día de su llenado, debido a la pésima construcción (por su emplazamiento y por la mala calidad de los materiales utilizados), el depósito se vino abajo.
Más información:
https://aymurcia.blogspot.com/2017/02/ojala-y-no-hubiera-subido-cronica-del.html
jueves, 22 de septiembre de 2022
Murcia: El primer semáforo
Aunque pudiera parecer que están ahí de toda la vida, los semáforos se pusieron hace, relativamente, poco tiempo. Ante el discreto aumento del tráfico de vehículos que rodaban por la ciudad, el primer grupo de semáforos se implantó el 5 de junio de 1958.
Poco después, en noviembre de ese mismo año, se pusieron nuevos grupos de semáforos en el Rollo y en la calle Floridablanca. En Santa María de Gracia, en 1963; y de esta manera, poco a poco, fueron instalándose por toda la ciudad, hasta que dejó de ser noticia.
Por si alguien no lo sabe, las calles Trapería y Platería eran atravesadas por el tráfico rodado que circulaba por las calles Montijo y González Adalid, respectivamente; en el primer caso se interrumpió el tráfico que atravesaba la Trapería por hacerse peatonal la calle Montijo a finales de 1967. ¿Y por qué escribo esto?, pues porque en 1961 se pusieron sendos semáforos en dichos cruces. El de Platería con Gonzalez Adalid se mantuvo hasta la desaparición del tráfico por esta calle, en junio de 1969, en un afán del ayuntamiento capitalino por peatonalizar el centro de la ciudad, especialmente sus calles más angostas.
lunes, 1 de marzo de 2021
La casa del Marqués
Juan, un joven aficionado a la fotografía, desde un lugar distinto pero en la misma línea que hay entre la casa del Marqués y la posición desde la que el primer fotógrafo hizo su disparo, decide, como por una rara casualidad, hacer una foto con su nueva cámara, coincidiendo extrañamente su imagen con la de alguien que sesenta años atrás había tenido una misma visión del paisaje que, aunque ha cambiado notablemente, la presencia de la casa del Marqués, como si de una atalaya se tratase, preside ambas fotografías. El parque ya no existe desde hace apenas unos 20 años, pero el relleno de tierra que se hizo sobre él, posibilita al joven fotógrafo tener un punto de mira similar que el del anónimo fotógrafo.
Murcia, 1 marzo 2021
miércoles, 22 de julio de 2020
Grupo de colegiales del antiguo colegio "Niño Jesús", Vistabella (Murcia)
lunes, 25 de mayo de 2020
sábado, 23 de mayo de 2020
lunes, 2 de diciembre de 2019
LA VIEJA CORDELERÍA
domingo, 29 de septiembre de 2019
El viejo árbol del Botánico
Ahora, en 2019, coincidiendo con la gran crecida del río después de las lluvias torrenciales sobre Murcia habidas a mitad de septiembre, volví a visitar a mi anciano amigo. El puntal donde descansaba el grueso tronco inclinado ya no estaba... "Qué bien" ⏤pensé⏤ "por fin han decidido socorrer a la deslucida planta" "¿Cómo lo habrán resuelto?", me pregunté al instante. Al acercarme al árbol vi algo que me dejó atónito: ¡ahora han sustituido el puntal de hierro por una vieja farola metálica! ¡Qué horrible! La insensibilidad y la falta de profesionalidad de los responsables de los parques y jardines de esta ciudad aflora con semejantes desatinos.
A ti te hablo ahora, hermano. Ni siquiera conozco tu nombre. Quizá traído ha muchos años allende los mares y plantado con esmero en el siglo XVIII, en los orígenes del que fuera, otrora, Jardín Botánico, orgullo de Murcia durante muchas generaciones. Después de tantos años aguantando riadas y sequías, guerras y terremotos, y amputaciones, ferias, huertos, bandos, orines... anciano compañero, después de todo esto y más, qué mal te cuidan ahora que tantas atenciones necesitas. Te tratan con incomprensible desdén. ¡Aguanta amigo!, todavía te quedan otros tantos años que vivir!; si te dejan, claro.
¡Ay, Murcia! ¿Es posible ser más zafio?
Epílogo
RABIA Y TRISTEZA
Veo que han cortado una rama que estaba sana, vigorosa, fuerte... quizá para no "molestar" al patio-comedor de la barraca o del huerto cuando los instalan en fiestas y ferias:
¡Lo importante es vender morcillas!
Nota: Se puede cliquear sobre las imágenes para ampliarlas
Por si quieres echar un vistazo a un artículo relacionado con esto, aquí dejo un enlace:
http://aymurcia.blogspot.com/2015/05/dos-soluciones-distintas.html
lunes, 29 de abril de 2019
DETRÁS DE PÁRRAGA
Un año después, en 1997, inesperadamente, nos dejó a quien tanto apreciábamos en lo personal y tanto respetábamos en lo profesional. Sirva esto como merecido recuerdo de su persona.
viernes, 13 de julio de 2018
EL GRAN BASURERO
En el siglo XIX, los ayuntamientos, para incrementar los ingresos de las empobrecidas arcas municipales, sacaban a subasta el barrido de las calles y la recogida de basuras que en ellas hubiera para que, después de su transformación en abono, fuera vendida a los agricultores. Estas regulaciones del servicio de recogidas provocaba numerosos conflictos con otros basureros que por cuenta propia recogían los desperdicios. Hasta bien entrado el siglo XX, en Murcia, la gente seguía arrojando basura y escombros de forma indiscriminada.
Imagen: vertedero de basuras y escombros en el Botánico, junto a Juan de la Cierva (Murcia, 1965)
Dada la costumbre de las inhumaciones dentro de las ciudades, y en vista de la fácil propagación de enfermedades que esto conllevaba, se decidió, en el primer tercio del siglo XIX, sacar las zonas de enterramientos a las afueras de las poblaciones mediante Reales Órdenes. De esta forma se impuso a los ayuntamientos a disponer de solares para su uso como cementerios en la periferia de las ciudades. En Murcia hubo dos cementerios cercanos a la ciudad hasta 1887, año en que ambos fueron clausurados definitivamente, obligando a que los enterramientos se hiciesen en el nuevo cementerio de Nuestro Padre Jesús, al norte de Espinardo. (Los vecinos de esta pedanía manifestaron, a través de misivas al alcalde y a la prensa, sus quejas donde rehusaban el paso de los carruajes mortuorios por la Calle Mayor de la pedanía. Estas peticiones fueron desechadas ante la imposibilidad de arribar al cementerio por otro trayecto). La Puerta de Castilla, en noroeste de la ciudad (entre el convento de Agustinas y la Ermita de San Antón) marcaba, a principios del siglo XIX, los límites de la ciudad en esa zona. Allí se situaba, en extramuros, cercano al desaparecido convento de San Diego, el cementerio que daba servicios funerarios al área de poniente de la ciudad de Murcia.
El otro cementerio estaba situado, como ya he dicho, junto al «Jardín de las Palmeras» (de hecho, cuando yo era niño -antes de que se construyese el Polígono de la Paz- íbamos allí a comprar los exquisitos dátiles que daban (¿dan?) las numerosas palmeras del lugar. Todo el mundo lo conocía como el «Huerto del Cementerio»).
Debido al estado de abandono en que se encontraba este cementerio, en virtud de la aprobación por parte de las autoridades civil y eclesiástica, en 1923 se promulgó en el Boletín Oficial de la provincia, que, acabado el año, se procedería a la exhumación de los restos que allí aún había, para su traslado al cementerio de N. P. Jesús; quedando definitivamente eliminado.
Ya en las primeras décadas del siglo XX, y después de las numerosas quejas del vecindario próximo a la Condomina por los constantes vertidos de basuras en esa zona, aprovechando la monda del viejo cementerio, parte de este será utilizado como nuevo vertedero de basuras. Lo que empezó de forma provisional fue consolidándose hasta que empezaron en los años 40 las numerosas quejas de los vecinos, ahora los de la Puerta de Orihuela, por los malos olores que emanaban del vertedero; quejas, a las que se sumaron posteriormente, en los 50, las protestas de la incipiente barriada de Vistabella, clausurándose definitivamente en 1958 como vertedero municipal; después de numerosas reclamaciones de los vecinos, así como los cuantiosos artículos en la prensa diaria y, especialmente, al esfuerzo del doctor García Pérez en su infatigable empeño para la clausura del gran vertedero de basuras que allí había. Durante su vida útil como depósito de inmundicias, el Ayuntamiento ponía a la venta la basura, una vez convertida en abono para su uso agrícola. (14 pesetas los 50 capazos, en 1940).
Los solares y descampados junto a las carreteras de entrada a la ciudad eran utilizados indiscriminadamente por albañiles y constructores como vertederos de escombros, por lo que el aspecto con el que la ciudad recibía a sus visitantes y moradores era bochornoso. En 1961, el alcalde Sr. Gómez Jiménez de Cisneros dispuso un solar cercano a la Plaza de Castilla, junto a la reubicada lonja, para albergar el escombro generado por las obras; aunque se mantuvo la horrenda costumbre de seguir arrojándolos fuera de él durante mucho tiempo. Aún hoy día quedan faltos de conciencia a los que les importa bien poco lo que las ordenanzas obligan.
Esta forma de recogida de basura se mantuvo hasta principios de los años 60, cuando fueron sustituidos por unos camiones de regular tamaño, pero no como los que hoy podemos ver por la noche, sino que consistía en la misma manera que con los carros: los camiones pasaban a determinadas horas por las calles de la ciudad, vertiendo en ellos las basuras que las amas de casa -principalmente- entregaban en sus cubos. Como los vehículos incumplían frecuentemente el horario de recogida, se daba un triste (y nauseabundo) espectáculo al verlos por la ciudad haciendo el servicio a cualquier hora del día.
En 1966 se hizo un proyecto piloto de recogida en la barriada de Vistabella. Este consistía en un camión que distribuía a distancia regular unos bidones (de color gris, si mal no recuerdo) para que la gente pudiera echar ahí sus sobras. Al ser insuficientes para albergar las basuras que se generaban, estas rebasaban los bidones, cayendo los excesos por el lateral hasta el suelo: la escena que aquello ocasionaba y el mal olor que se producía, especialmente en verano, daban una imagen lamentable de esta parte de la ciudad.
La cosa tuvo su solución definitiva cuando se introdujeron los contenedores de plástico para arrojar las basuras, y el camión los volcaba a su interior ayudado por dos basureros que se afanaban en el boquete posterior. Ahora ya, ni eso. El conductor del moderno camión de recogida, se sirve de mecanismos auxiliares que elevan el contenedor hasta verter los desperdicios en las entrañas del vehículo con la ayuda de unos botoncitos; llevándose la basura bien lejos de la ciudad para su posterior reciclaje.
¿Qué será lo próximo?
Documentación:
Archivo Municipal de Murcia
Archivo Regional de Murcia
CARTOMUR (Servicio Cartográfico de la Región de Murcia)
FOTOTECA Digital (Instituo Geográfico Nacional)
"UNA AVENTURA VULGAR" Cortometraje dirigido por Antonio Crespo (1953)
Dibujos: Esteban Linares
Edición E.L.R. (julio 2018)
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sábado, 7 de julio de 2018
MURCIA: PUENTE NUEVO EN ROJO
viernes, 6 de julio de 2018
MURCIA: PUENTE VIEJO EN ROJO
martes, 3 de julio de 2018
LOS CHICOS (1959)
En el quiosco prenden con pinzas las revistas y tebeos, de manera que así quedan expuestas al cliente un buen número de portadas. Una de ella, la revista Fotos muestra una imagen que a todos los murcianos nos resulta muy familiar.
La película, a pesar de no ser de las mejores de Ferreri (El pisito, 1959; El cochecito, 1960), se deja ver sin sobresaltos; y a algunos nos sirve como documento que nos traslada, sin remedio, a la atmósfera de nuestra infancia.
P.S. Las imágenes son ampliables.
lunes, 4 de junio de 2018
El verdadero Gran Hermano
LA CALLE (DE) CORREOS DE MURCIA
El éxodo de la población rural a los núcleos industriosos en el siglo XIX provoca el rápido crecimiento de las grandes ciudades europeas que, con sus calles de intrincados y angostos trazados, junto a la necesidad de mejorar la deficiente salubridad de las mismas (que acarreaban, además, frecuentes epidemias: cólera, peste, tifus…), obligó al desarrollo de grandes proyectos de reformas urbanas que tratasen de aliviar este gran problema sumado, al principio, al creciente tránsito de carruajes, y, posteriormente, ya entrado el siglo XX, el de los vehículos motorizados.
Son bien conocidos los planes de transformación de ciudades como París (Haussmann), el Plan Cerdá (El Eixample) en Barcelona, el barrio de Salamanca de Madrid, cuyo trazado fue diseñado por José de Salamanca y Mayol (de quien tomó el nombre) y, ya entrado el siglo XX, la Gran Vía, también en Madrid.
Una pequeña ciudad como era entonces Murcia, tenía igualmente, aunque a menor escala, la necesidad de redibujar el trazado de sus estrechas callejuelas y resolver de alguna manera los problemas de higiene generados por las pésimas y escasas infraestructuras, además del tráfico, que aunque modesto, ya empezaba a plantear serios problemas debido precisamente a la angostura de sus calles.
La Calle (de) Correos arranca en la plaza de Ceballos. "El nombre de esta plaza (también Zeballos), puede deberse Matheos Zeballos, regidor de esta ciudad, o bien a sus descendientes que a mediados del siglo XVIII tuvieron destacados papeles en la política municipal. Era una de las plazas más importantes de la ciudad, donde se celebraban festejos y corridas de toros" (Díaz Cassou).
El solar se tuvo sin obrar durante unos años, y, mientras tanto, fue utilizado por los niños para juegos de pelota y bicicleta, para el enfado y las consiguientes quejas de vecinos y comerciantes. Las obras, que comenzaron en 1928 con mucha demora, pues el proyecto estaba aprobado por la Dirección General de Correos desde 1915, se alargaron hasta 1931 para la entrega del nuevo edificio, aunque de forma provisional, el 20 de julio de 1931, pues sólo funcionaba el servicio de correos. Fue inaugurado oficialmente el 5 de agosto de ese mismo año, fecha en que se completó con el funcionamiento del servicio de telégrafos.
Según acuerdo tomado por el Ayuntamiento en la sesión del 28 de octubre de 1872 la calle Corredera (ahora Simón García) cambiaría su nombre por el de Pintor Villacis. Sin embargo, debieron olvidar el acuerdo tomado aquella fecha, porque el Ayuntamiento aprobó nuevamente una moción presentada en la sesión del 21 de julio de 1893, o sea, pasados veintiún años, para denominar Pintor Villacis el tramo comprendido entre las calles de Apóstoles (desde la puerta del Toro) y Mariano Padilla (antes Corredera, después Mariano Padilla, y no debió gustarles mucho el nombre de este célebre barítono murciano, porque poco después lo cambiaron por el de Simón García). Así que, el tramo más corto de la calle Correos lleva el nombre del insigne discípulo de Velázquez.
Fue Villacis un pintor bien estimado por sus contemporáneos. Viajó a Madrid, donde conoció a Velázquez. Quizás por consejo del mismo Velázquez viajó a Italia para conocer la pintura de los grandes maestros del Renacimiento. Estuvo en Venecia, Florencia y Roma, donde conoció al excelente pintor Francesco Torriani. Viajó con este a Mendrisio, una pequeña localidad suiza, muy próxima a la frontera con Italia, de donde era natural. Villacis se estableció allí y pasó unos años antes de volver a Murcia, ya casado con la joven Antonia, hermana de Francesco. Mantuvo copiosa correspondencia con Velázquez(*), quien en 1659 le propuso que lo sustituyese como pintor de la Corte de Felipe IV, propuesta a la que renunció (Velázquez murió un año después, en 1660). Ese mismo año regresó a Murcia a causa del fallecimiento de su padre y tener que hacerse con la hacienda heredada. Compró un solar con huerta en extramuros de la ciudad, lindando, al norte, con la plaza y puerta del Toro (en la anchura que hay frente al hotel Rincón de Pepe) y, al sur, con la calle Corredera (Simón García). Allí hizo construir el gran caserón que le sirvió de vivienda y estudio hasta su fallecimiento el 8 de abril de 1694.
(*) Respecto a la correspondencia entre Velázquez y Villacis se da por cierto, en tanto en cuanto, en el inventario judicial que se hizo después del fallecimiento de este último, aparece dicho paquete de cartas coleccionadas. Palomino (**) da por hecho la existencia de estos documentos, dándola en poder a sus sobrinos de Italia, pues enviaron desde Milán a un apoderado a recoger la herencia y los papeles. Pero posteriormente se supo que las cartas no viajaron a Milán y las tenía, pues aquí quedó familia, un descendiente suyo, D. Francisco Aguilar, que vivió -mucho después de la época citada- en la calle de San Antolín, número 25. A partir de ahí se pierden las pistas.
(**) Antonio Palomino (1655-1726), pintor y biógrafo de los artistas del Siglo de Oro español.
Al compás de este proyecto se contempló la necesidad de abrir una ‘Gran Vía interior’ en lo que hoy todos conocemos por La Calle Correos. Con el término genérico de ‘Gran Vía’ nombraban todos los proyectos de las nuevas avenidas por construir. Así tenemos la ya nombrada ‘Gran Vía interior’; ’La Gran Vía Central’ (la actual Gran Vía Salzillo); las grandes vías del norte, que unirían las carreteras de Madrid y Alicante sin la necesidad de tener que pasar por el viejo casco de la ciudad, o sea, las Rondas Norte y Levante. De ahí el nombre del ya desaparecido cine Gran Vía, en Ronda Norte.
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| Proyecto Gran Vía interior de Murcia (ca. 1930) |
El proyecto de esta 'gran vía' fue muy costoso, pues hubo que derribar muchas casas, con las consiguientes indemnizaciones; por lo que llevó casi 25 años completarla. Hay que decir que esta calle está compuesta, en realidad, por distintos tramos que, por abreviar, todos decimos la calle Correos. De sur a norte: La plaza de Ceballos, calle Villacis, calle Isidoro de la Cierva, plaza de Cetina y calle Alejandro Séiquer, para terminar desembocando en la calle de la Merced. Pero vayamos por partes, y, si puede ser, cronológicamente.
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| "El amigo del ciego" de A. Séiquer. Óleo s/ tabla 58x48 cm. (1883). Museo del Prado |
Al principio solo era el tramo comprendido entre la calle Andrés Baquero hasta la Iglesia de San Lorenzo. Años más tarde la calle Alejandro Séiquer se alargó al absorber la calle Saurín (desde San Lorenzo a Cetina) cuando esta se ensanchó por los derribos habidos en sucesivos años.
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| En la zona inferior de la derecha de la imagen (en oscuro) puede verse parte del solar que había quedado tras el derribo de algunos edificios de la calle A. Séiquer para su alineamiento. |
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| Derribos en el tramo plaza de Cetina - calle de La Merced |
Todavía quedaba en el proyecto prolongarla, aún más, con la demolición de los edificios (al fondo de la imagen) entre la calle de la Merced y la calle Enrique Villar continuando por el lateral del Teatro Circo. Como sabemos, esto último no se llevó a cabo. (En este caso, creo que, ya puestos, tendrían que haber sido derribados y haberle dado continuidad a la calle Correos; habiendo quedado de esta forma un trazado rectilíneo, paralelo a Alfonso X).
Parte del edificio de la izquierda (en dibujo superior) se derribó para su retranqueo en 1928, después se rehizo la fachada quedando ensanchada la calle Pintor Villacis en ese corto tramo. Lo que se demolió en 1945 son las casas que se ven a la derecha y centro de la imagen para unir Apóstoles con San Antonio, empezando de esta manera el trazado de la nueva calle Isidoro de la Cierva; nombre que recibiría esta nueva calle según acordó el pleno del Ayuntamiento, el 6 de junio de 1947.

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| Derribos en el tramo plaza de Villacis - plaza de Cetina |
El tapón que formaba el número 6 de la calle de La Fuensanta fue arrancado, al fin, en 1949, quedando unidas entre sí esta calle con la de San Antonio; y, por extensión, desde la plaza de Ceballos hasta la calle La Merced, dándole remate a la era de los grandes derribos de la calle Correos.
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| Aspecto de la plaza de Cetina desde la calle Barrionuevo. La Gran Farmacia ya ubicada en el chaflán del nuevo edificio del centro de la imagen |
Isidoro de la Cierva da nombre a uno de los tramos de esta nueva vía. Fue D. Isidoro (1870-1939) diputado y senador por Murcia entre los años 1909 y 1915. Desde ese año ejerció como notario en Murcia, hasta su nombramiento como Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, cargo que sólo pudo ejercitar durante cuatro días de diciembre de 1922, debido a la caída del Gobierno de José Sánchez Guerra, del que él formaba parte.
Jefe del Partido Conservador de la provincia, destacó notablemente como persona muy culta y amante de las Artes. Fue impulsor de la llegada de la Universidad a Murcia en 1915, así como patrocinador del Sanatorio Antituberculoso de Sierra Espuña.
Fue tío del ingeniero y político D. Juan de la Cierva y Codorníu, inventor del autogiro.
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| Cronología de los derribos de la Calle Correos |
Cartomur, Consejería de O. P. de la Región de Murcia
Museo del Prado, Madrid
Real Sociedad Económica de Amigos del País, Murcia
Dibujos: Esteban Linares
(Nota: las imágenes pueden ampliarse clicando sobre ellas)














































































